Opreso

OPRESO
Suave beso amoroso, dulce beso,
abre mis ojos, no fuera a dormirme,
o ya, dormido sueñe sentirme,
por el hado veleidoso, opreso.
Por lo hecho, y sus hazañas, quedé preso,
¡a tanto fuego y tanto amor tan firme!,
que bastó un solo día para herirme,
y todo un año para laxar su peso.
Fiel corazón, que a la razón dormido,
no mores en mi pecho, receloso,
compañero del alma, consentido.
Consorte de latido tembloroso,
¡alíviame!, ¡antes que sea rendido
por el hostil invierno desdeñoso!

José Jaime Capel

Arte poética

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Arte poética

Que el verso sea como una llave
Que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
Cuanto miren los ojos creado sea,
Y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
El adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios,
El músculo cuelga,
Como recuerdo, en los museos;
Mas no por eso tenemos menos fuerza:
El vigor verdadero
Reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh, Poetas!
Hacedla florecer en el poema;

Sólo para nosotros
Viven todas las cosas bajo el Sol.

El Poeta es un pequeño Dios.

Vicente Huidobro

Nueva Primavera

Foto: depositphotos

Nueva Primavera

¡Qué hermosura callar!
¡Qué limpias voces
cantando a un Dios que busco
en el silencio!

Campanas en la noche,
campanas a las tres
entre un rocío que sube
hasta este casi cielo
que me habita
y en que duermo esta noche.

Despertándose está
la luz más escondida,
la voz perenne
que ayer me abandonaba
y que ahora
es campana otra vez entre campanas.

¿Dónde, dónde está Dios
esta noche de Dios
sobre la hierba?

Francisco Giner de los Ríos

El crucificado

Cristo Crucificado, de Luis Salvador Carmona (Museo del Prado)*

El crucificado
Probé, sí, muchos caminos
perdido y desesperado;
sin encontrarme a mí mismo.
¡Mi alma estaba agonizando!

Después me acerqué a tu templo
y me arrodillé a tu lado;
¡alcé mi vista a tus ojos:
que con los míos cruzaron!

Y miré tu rostro hundido
y tu cuerpo ensangrentado;
y la expresión de tu cara,
que a mí me estaba gritando.

¡No busques más, hijo mío!
que por ti estoy crucificado,
y me encuentro en esta cruz
con el cuerpo maltratado.

Quiero acabar con las penas
redimiendo los pecados:
Muchos, como tú, perdidos
llorando me están buscando.

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Dios hace, el hombre es hecho (Deus facit, homo fit)

Deus facit, homo fit

No eres Tú hacedor de Dios
sino Dios alfarero tuyo.

Si tú eres, pues, obra de Dios,
presta atención a la mano del Artista,
que todo lo hace a su tiempo,
pensando en ti, obra de sus manos.

Preséntale un corazón dócil y tierno
y conserva la forma que el Artista te dio;
posees en ti el Agua (del Espíritu),
sin la cual, al endurecerte,
pierdes el tacto de sus dedos.

Si te dejas moldear, alcanzarás la perfección,
pues Dios, con su arte, disimulará en ti el barro.

   San Ireneo de Lyon